Sin tener donde dormir por Fernando

Sin tener donde dormir por Fernando Mi nombre es Fernando, tengo 21 años y soy de Jojutla, Morelos en México; espero y mi relato les guste, es sobre mi primera esperiencia. Era el verano del año pasado, el sol estaba a punto de ocultarse, el sonido de los animales nocturnos comenzaba a hacerce presente y yo intentaba concentrarme en el trabajo escolar que tenía que entregar al día siguiente (ya que había tomado un curso de verano). Eran alrededor de las 6:00 p.m. cuando alguien llamó a la puerta, se trataba de Pablo, un amigo, de buen ver: pelo castaño, ojos cafe claro, delgado, de piel blanca y suave, de 1.60 m. de estatura aproximadamente; era extraño que se presentara en mi casa a esa hora y sobre todo en vacaciones, dado que en esas fechas se ponía a trabajar. Enseguida le invité a entrar a mi casa, él acepto y se acomodó en uno de los sillones, yo aún en la perplejidad le pregunté cuál era el motivo de su visita, a lo que él respondió que después de tanto pensar, había decidido pedirme alojamiento, pues al parecer ni su mamá ni su hermano se encontraban en casa y el no tenía forma de entrar, ya que no contaba con la llave de la puerta; ante esto, yo accedí a su petición, con lo que le propuse se instalara en mi cuarto (esto porque los demás cuartos estaban en etapa de arreglos y el cuarto de mi hermana estaba cerrado con llave) y continué con mi trabajo. Ese día me encontraba sólo, mi hermana había salido y no tenía planeado llegar si no hasta el día siguiente. Eran alrededor de las 10:00 p.m. cuando por fín había terminado mi trabajo. Cansado de la vista y de la cintura, por pasar tanto tiempo sentado frente al computador, tomé un baño y me puse un short y una camiseta para estar más a gusto. Acto seguido, le propuse a mi acompañante, Pablo, que tomara un baño y, si gustaba, que le prestaría un short y una camiseta, para que después cenáramos; el sólo movió la cabeza en señal de un sí. Poco de después de terminar de cenar y lavarnos los dientes (alrededor de las 10:50) nos dispusimos a dormir. Yo estaba un poco nervioso, pues tengo que aceptar que desde hacía unos meses él me atraía y en realidad esperaba tener algo con él, y sobre todo por el hecho de que dormiría en mi cama, conmigo. Ya recostados en la cama, el se puso en una posición tentadora: sus nalgas rozaban mis muslos y podía sentir la división entre ellas; era algo que me subía la temperatura, tantos eran los nervios de sentirlo tan cerca, que no podía conciliar el sueño, al mismo tiempo que se presentaba una pelea dentro de mi: por un lado quería hacerlo mío, sentir su lengua en mi miembro, introducirlo en su ser y culminar en sus entrañas; por el otro lado, quería contenerme, intentar dormir y hacer de cuenta que nadie se encontraba a mi lado. Pablo en realidad me gustaba, pero yo intentaba contenerme, así que para no sentir tentación me recoste de lado, viendo hacia donde el miraba, un poco alejado para no sentir su trasero en mis piernas. Unos minutos después cambió su posición, esta vez quedando frente a mi, su boca quedaba a escasos 7 centímetros de la mía, era una oferta tan tentadora que esta vez no pude contemerme: creyendo que él ya se encontraba dormido, acaricié sus mejillas y le dí un pequeño beso en sus labios entreabiertos. En ese momento abrió los ojos, me sonrió y me devolvió el beso, era como si fuera el último suspiro que le quedaba, me besaba de tal manera que no podía negarme a corresponderle, su lengua intentaba entrar en mi boca y en cuanto lo logró comenzó a juguetear con la mía, al mismo tiempo que una de sus manos se abría paso entre mi ropa para acariciar mi miembro, ya erecto y listo para entrar en acción, y la otra me acariciaba la espalda, mientras las mias acariciaban sus suaves y bien formadas nalgas. Así, esperando que el momento no concluyera, bajo hasta mi ombligo, comenzo a subir y a besar mi cuerpo, en tanto me quitaba la camiseta, hasta llegar a mi boca para continuar bosándonos. Poco después bajo nuevamente, esta vez bajando poco a poco, quitándome el short; cuando hubo terminado subió nuevamente, para que esta vez yo hiciera lo mismo. Ya desnudos seguimos besandonos con frenesí mientras nuestros miembros rozaban, uno acariciaba el cuerpo del otro y yo hacía un movimiento simulando una penetración. Minutos después, yo me colocaba boca arriba y el bajaba hasta quedar de frente con mi pene, lo tomó con una de sus manos, dejó el glande al descubierto y con su lengua comenzó a chuparlo cual paleta, su lengua recorría lo largo de mi miembro, después tomaba mi pene y lo introducía en su boca, subía y bajaba lentamente, disfrutando del placer de sentir un pene en ella, seguí la misma rutina, aumentando la velocidad con la que lo hacía, era tanto el placer que sentía que mientras el chupaba mi verga sentí como la leche recorría por ella y culminaba en su garganta, en ese instante el la sacó de su boca para recibir el semen en su cara y que escurriera por su pecho, lamiendo lo que quedó de leche en mi pene. Acto seguido, se puso en posición para dejar entrar mi verga en su interior: puso una pierna a mi izquierda y una a mi derecha, haciendo una posición de sillón; tomó mi miembro aún erecto y con una mezcla de su saliba y el semen que quedói en ella, y lo introdujo suavemente entre sus nalgas, bajo un poco para que entrara mejor y comenzo a subir y bajar; cada vez bajaba un poco más, hasta que después toda mi verga se abría paso entre sus nalgas y el subía y bajaba controlando el ritmo de la penetración. Su cara mostraba una mueca de placer absoluto, mi pene era su juguete y en esos momentos estaba haciendo lo que quería con él, subiendo y bajando, moviendose para disfrutar más del espectaculo del que él era el protagonista y el espectador. Yo disfrutaba cada momento de ese espectáculo, mi verga era el instrumento de su diversión. Después de un rato, nuevamente mi pene descargo dentro de Pablo los frutos del placer que estaba sintiendo al mismo que el suyo hacía lo mismo sobre mi pecho. Después de terminar de descargarse, se recostó sobre mí y continuamos con la seria de besos que habíamos dejado pendiente, acariciaba mi pene y lo masturbaba, intentando obtener más jugo de él. Unos minutos más tarde, bajo y comenzó a lamer la leche que había expulsado sobre mi pecho. Una vez que terminó, se puso en una nueva posición: se colocó boca arriba y abrió sus piernas, listo para dar paso a mi verga que se había puesto erecta otra vez. Ahora no le costaba trabajo a mi miembro llegar hasta el interior de él, pues su anito ya estaba lo suficientemente dilatado para dejarlo pasar. Comencé a bombear despacio, aumentando la velocidad poco a poco, para disfrutar más del momento, al mismo tiempo que me agachaba un poco para encontrar los labios de mi amante y besarlos. Así continuamos durante unos minutos hasta que culminé nuevamente en su interior. Estabamos exhaustos, sudorosos, nos habíamos amado como si esa fuera la última noche de nuestras vidas. Me recosté, lo tome en mis brazos y así, unidos por un beso, quedamos recostados hasta dormirnos. --------------------------------------------------------------------------------------------------------- Desde entonces, la misma rutina (con algunos cambios) se repite cada una de las veces que, por azares del destino, su mamá y su hermano no se encuentran en casa; cosa que sucede cada 2 semanas. Espero y les haya gustado mi relato y pues, disculpen si en la redacción hay errores de ortografía, de gramática o de escritura, espero sus comentarios.

Me encantó el relato, me agrada pensar que en la región en que vivo se dan estas historias, sólo espero que hayas usado condón.

Un saludo

Luis

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