Bien desvirgado a los 50 Por DJR ( relatos gay )

Bien desvirgado a los 50 Por DJR

Tengo 50 años y estoy casado desde los 22. Mis hijos me han dado dos nietos, un chico de dos años y una niña que acaba de nacer. A mí siempre me gustaron los hombres, pero nunca me atreví a hacerlo con otro. El verano pasado estaba sólo en el chalet del monte y contraté los servicios de un fontanero para que cambiara toda la instalación de agua de la casa, como era un trabajo que llevaba varios días y estábamos lejos del pueblo, al que se accedía sólo por unos caminos malos en los que apenas se podía ir en un 4 x 4, el tío se quedó a dormir. Era un chaval (para mí) de 25 años, muy fuerte y musculoso. Llevaba unas camisetas de tirantes que le marcaba los brazos gruesos y me hicieron despertar sueños que hacía tiempo que yo no tenía. Como digo, me había anestesiado los deseos y disimulaba muy bien las miradas, pero hacía tanto calor..., él era tan... masculino, estábamos tan solos... en medio del monte..., que no pude aguantar y dejé que mi fantasía volara.
Él lo notó desde el primer día, además de la camiseta de tirantes pegada al cuerpo que le marcaba los pezones, llevaba unos pantalones cortos pequeños que dejaban adivinar un hermoso culo redondo por atrás y un paquete grande por delante, ayudado por sus constantes magreos y toqueteos de la entrepierna. Intuyó enseguida que yo lo miraba más de lo normal. Ahora tengo que explicar algo que no sé cómo hacer. No quisiera que me malinterpretaran, yo no soy ningún aristócrata, pero este chico era un obrero de barrio con muy poca cultura. No lo digo porque piense que soy superior a él, simplemente lo comento para que os hagáis una idea de nuestra situación. ¿No habéis notado a veces el impudor y la chulería exhibiendo su cuerpo de gente así? No les da ninguna vergüenza, mi fontanero marcaba paquete, se rascaba los huevos con toda la mano y se le metía el pantaloncillo por la raja del culo a tope, pero él era feliz. Estaba orgulloso de su cuerpo y lo exhibía. Yo me ruborizaba y me ponía nervioso y él se crecía en la ostentación. Cada vez que se dirigía a mí para consultarme algo de la obra, me miraba fijamente a los ojos y se pasaba toda la palma de la mano por la polla, se pellizcaba suavemente los cojones como si le picaran, o se metía la mano por el culo dentro del pantalón y se rascaba una nalga con total descaro. Yo me excitaba y él se quedaba muy serio controlando la más mínima de mis reacciones. Era muy masculino, con ese gesto tranquilo y seguro de los machos dominantes.
Pasamos toda la primera mañana así, entre miradas morbosas de mi parte y mucho sobarse el paquete por parte de él. Después de comer lo invité a que se recostara un poco a la siesta en su habitación (la de mi hijo pequeño) pues hacía demasiado calor. Yo me retiré a la mía y apenas pude dormir, me levanté a la media hora a beber agua y al pasar por su cuarto vi la puerta abierta y lo oí roncar levemente. Estaba claro que dormía, me acerqué a la puerta y lo miré. Su cuerpo moreno desnudo estaba echado boca abajo en la penumbra. Las nalgas blancas, carnosas sobresalían tan redondas como las había imaginado, más guapas aún porque no tenían pelos y parecía el culo de un niño grande. Su espalda ancha y las piernas de futbolista parecían las de un modelo fotográfico, doradas por el sol. Se cubría la cabeza con el antebrazo y dormía profundamente con el culo para arriba y las piernas abiertas. Me quedé un rato observándolo, en la habitación se movía despacio un ventilador y me llegaba un leve perfume a macho joven que me volvió loco.
Cuando al fin apareció por la tarde en el cuarto donde yo estaba ordenando unos papeles, sólo llevaba los pantaloncitos cortos y ajustados, ésos con una raja al costado que usan los deportistas, estaba guapísimo. Los pectorales se le marcaban anchos y morenos, con dos pezones enormes y oscuros. El abdomen era como una barra de chocolate con todos sus músculos fuertes y marcados. Somnoliento y despeinado se rascó los testículos y se puso a trabajar. A las 7 de la tarde, dió por terminada su labor y se acercó a la piscina. Yo estaba en calzoncillos tirado en una tumbona y lo invité a acompañarme. Era de pocas palabras, pero aceptó encantado. Al momento susurró:
- Qué pena que no tenga bañador... - a lo que como comprenderán tuve que responder.
- No pasa nada tío..., yo tampoco he traído. Si quieres nos bañamos en pelotas...
- Por mí está bien... – se quitó el pequeño pantalón y lo que ví me dejó extasiado. Yo le había adivinado un bulto grande, pero cuando se movió caminando por el borde de la piscina para acercarse a la parte más honda que era donde yo estaba, y el miembro se le empezó a bambolear de un lado a otro, gordo, largo... parecía que un caballo viniera caminando erguido en dos patas hacia mí. Tenía un cacharro grande, muy grande, que al moverse daba una sensación de peso increíble. Los huevos también eran enormes y el chisme se curvaba por encima de ellos sobresaliendo como una trompa de elefante. Caminó despacio mirándome a los ojos y no me importó nada mirarle la entrepierna todo el tiempo. Tenía un miembro hermoso, y bajo la luz del sol parecía fértil y saludable. Toda su piel era como una talla menor de la que le correpondía. Su cintura era muy estrecha y su espalda y pecho muy anchos, los brazos y las piernas con los músculos hinchados, toda la piel como tirante y sedosa, brillante, las nalgas exuberantes y el sexo voluptuosamente asomado de entre los pelos negros del vientre, balanceándose pesado a ambos lados con cada paso que daba. Llegó a mi lado y no me importó nada permanecer con la boca medio abierta por la sorpresa. Poco a poco se fue acercando muy lentamente, cada vez más cerca de mi cara. Me miraba a los ojos, yo lo miraba y bajaba la mirada hacia su polla y él se acercaba otro poco.
-¿Qué...? ¿Te gusta...? - me soltó. Me puse muy nervioso, sabía que no debía decir la verdad pero no podía aguantar más tantos años de represión.
- ... sí..., tienes una polla muy guapa tío...
- Muévela un poco... ¿quieres...?
- ... ¿cómo...?
- Que me la cojas con la mano, tío..., venga, agítala..., es para relajarme después del curro ¿sabes...?
No podía creer lo que estaba viendo, mi mano sola se iba hasta el miembro del fontanero y como si fuera la teta de una vaca lo rodeó con la palma y empezó a ordeñar. Él se quedó muy quieto y callado dejándose hacer. Le gustaba. En cuanto le creció la polla y yo noté que apenas cabía empalmada dentro de mi mano, me excité y se me puso dura a mí también. Era muy morboso estar con ese deconocido en pelotas delante de mí dejándose hacer una paja. Cuando el aire cálido de la tarde me trajo un soplo de su olor a sexo casi me desmayo, me penetró muy hondo en los pulmones y cada vez que pasaba por la nariz era lo más delicioso que yo había olido nunca. No pude evitar acercarme para olisquearlo, cuando casi lo tocaba con la punta pude sentir la diferencia de aroma entre su capullo y sus pelotas de las que subía un olorcillo seco y húmedo a la vez, no sé como explicarlo, era un fuerte tufillo a huevos de macho sudados que me extasiaba. Mientras con una mano seguía masturbándolo me arrodillé entre sus piernas y metí la nariz y la boca por debajo de sus testículos y comencé a lamerlos. No sé si se imaginan la sensación que tenía, nunca lo había hecho, siempre lo había deseado y ahora por fin estaba arrodillado como una puta delante de un macho musculoso ayudándole a descargar todo lo que acumulaba en sus pelotas gordas. Se las besaba y lamía con mucho cariño, quería que él gozara. Y por lo visto estaba haciéndolo porque la polla estaba tan dura y caliente que se notaba que le faltaba poco para correrse. Se inclinó y me pellizcó un pezón, nunca nadie me había hecho eso y me volvió literalmente “loca”, pensé que eso era lo que le hacían a las mujeres y me calenté tanto que empecé a mover el pecho a un lado y otro
pidiendo más. Él se dio cuenta y escupiéndose los dedos me dedicó unos cuantos magreos en los pezones que me obligaron a pajearlo más fuerte. Era un pistón enorme y redondo al que yo le daba caña con una mano mientras con la otra le magreaba los huevos. Su orificio en la punta era como un ojo que me miraba fijamente. El fontanero levantó la cabeza y miró al cielo y se me corrió encima del pecho llenándolo de leche calentita. Me bañó de semen de cuello para abajo y después de salirle lo último me la pasó por la cara para limpiarse las últimas gotas y sonriendo se giró y se zambulló en la piscina. Yo me quedé como atontado. Estaba erecto a más no poder y me miré el pecho lleno de semen que chorreaba hacia el estómago. Me toqué las mejillas y en una había dos gotas muy cerca de mi boca. Sentía el olor del esperma y no podía reaccionar. Me quedé inmóvil un rato hasta que la leche se hizo líquida y empezó a secarse por el sol. Me quedaron unas manchas blancas encima del pecho, secas y tirantes en la piel, como baba de caracol.
El tío nadó un rato y cuando se hartó de mover los brazos y las piernas, vino a tumbarse a mi lado.
- El agua está de puta madre, tío!
- ...
- ¿No te bañas...?
- ... no, ahora no... – apenas podía hablar y no entendía cómo para él el sexo con otro hombre era algo tan natural.
Estuvimos callados un rato hasta que me levanté para meterme en la casa pues estaba avergonzado y no sabía qué hacer.
- ¿Vas para adentro? - me dijo.
- Sí... ¿necesitas algo?
- Si puedes hacer la cena temprano, estoy hecho polvo y necesito acostarme pronto.
- ...vale, ahora mismo voy – le respondí como una novia sumisa. Comencé a caminar hacia la casa en una nube de rubor y vergüenza por lo que había hecho, cuando me había alejado varios pasos me gritó:
- Ah...! oye...! – me dí la vuelta para oír mejor – Prepárate porque esta noche te la voy a meter por el culo!
Me giré rápidamente y le dí la espalda sin poder dar crédito a lo que había oído. Me metí en la casa elucubrando si era una broma o si de verdad..., había cachondeo en sus palabras, pero era tan autoritario y viril..., que me parecía que lo decía en serio. Primero pensé en echarlo inmediatamente, pero después me fui calmando y me di cuenta que aquello era lo que yo siempre había deseado y por fin quizá se haría realidad, aunque lo más seguro era que fuera una broma... Preparé una cena fría con los mejores manjares que encontré. A eso de las 8 y media de la tarde me acerqué tímidamente a la piscina con una bandeja en la que le llevaba un aperitivo y una cerveza helada. Se quedó serio, y sin sonreirme ni nada se acercó un canapé a la boca, como si fuera mi obligación llevárselo. No dijo una palabra, ni si estaba bueno o no. Yo notaba que le gustaba porque lo comía todo con ganas. Un poco ordinario en sus modales sí que era, pero a mí me fascinaba verlo comer, a veces no cerraba la boca y por momentos se oían pequeños ruidos. Tenía los dientes blancos y grandes y unos ojos verdes guapísimos. El resto de la cara también era armonioso, una nariz chata y ancha muy masculina, barba de tres días sin afeitar que le tapaba las mejillas con una sombra oscura, labios gruesos, rojos y carnosos muy sensuales, el pelo bastante largo y no muy limpio. Todo el cuerpo moreno, menos la marca blanca del bañador que resaltaba su sexo grande reposando encima de un par de huevazos. Yo había ido durante años a un gimnasio para mantenerme en forma y para ver a tíos en pelotas en los vestuarios y puedo asegurar que nunca había visto un par de cojones tan grandes. Me quedé callado sentado a su lado en una silla con las rodillas juntas y los talones pegados uno a otro, las manos en el regazo, en postura muy sumisa esperando a que terminara. Cuando lo hizo, bebiéndose a grandes tragos la media cerveza que le quedaba, me puso la bandeja encima de las rodillas sin mirarme y eructó. Luego se tumbó boca abajo levantando el culo y se tiró un sonoro pedo. Normalmente me hubiera dado asco, pero mi fontanero me estaba gustando y se lo perdonaba todo. Recogí la bandeja y la servilleta y poniéndome en pie me quedé mirándole el culo. Era tan hermoso! Grande, rollizo, muy masculino, con las nalgas muy redondas y blancas. Era un culo de deportista muy virginal a la vez, no sé cómo explicarlo. Daban ganas de usarlo de almohada y dormir muchas horas encima suyo, daban ganas de besarlo y de morderlo un poquitín...
-¿Qué miras...? ¿Ya preparaste la cena?
- ...no..., ahora mismo voy...
Salí apresurado hasta la cocina y lo dispuse todo en el comedor. A las 9 estaba todo listo. Él apareció con el pelo húmedo, estaba encantador. Tuvo la delicadeza de enrollarse una pequeña toalla alrededor de la cintura. Se acercó a la cabecera y ocupó mi lugar en la mesa.
- Anda maricona..., quiero que te vistas de mujer para mí. Cuando lo hayas hecho vienes y me sirves la cena. - Me dio una palmada en las nalgas que resonó en la noche de verano. Me quedé sin habla y como un sonámbulo me dirigí a mi habitación. Allí me puse algo de ropa de mi mujer. Unas medias negras con sus ligueros, braguitas de seda, un sostén y una prenda transparente encima que mi mujer usaba para excitarme y ante la cual yo fingía que me volvía loco. Me pinté la boca con barra de labios y me puse una peluca. Tengo los pies pequeños pero aún así los zapatos de tacón apenas me entraban. Me dolían un poco pero aguanté para mi hombre. Mi mujer tenía varios juegos de uñas postizas muy largas, elegí unas rojas y las pegué encima de las mías. Me pinté de negro el contorno de los párpados. Al terminar me miré al espejo. Parecía una puta vieja, por la pintura, pero mi cuerpo después de tantos años de gimnasio, no estaba mal. Claro que los pelos de las piernas quedaban ridículos con los tacones. Me acerqué despacio al comedor pues los zapatos me mataban. Mi fontanero musculoso me miró de arriba abajo.
- Me gusta..., bien puta...
Le serví la cena, volví a hipnotizarme mirándolo comer, los pequeños trozos de alimento que le asomaban de la boca, el movimiento de la garganta al pasar la comida por el gaznate, la fuerza de sus mandíbulas masticando, los labios brillantes por la saliva y la comida... en fin me enamoraba cada vez más a medida que lo miraba. Además la mesa era de cristal y la toalla era tan pequeña que parecía una minifalda por donde le asomaban redondos y mellizos la parte de debajo de los huevos. Yo hubiera deseado arrojarme al suelo y de rodillas besárselos mientras comía, pero no me atreví.
Serví el postre, lo devoró y por fin después de la última copa de vino, llegó el eructo final. El chico estaba a gusto.
Enseguida me levanté y llevé los platos al fregadero. Tardé bastante por los malditos tacones y las uñas postizas. Cuando terminé él ya estaba despatarrado en el sofá. La toalla le marcaba el bulto, no me sonrió, me miró con un poco de desprecio. Me dio morbo su actitud.
- Ponme una copa.... – le ofrecí mis bebidas y eligió mi mejor whisky. Se lo serví con hielo y esperé sumisa de pie a su lado. Él acercó una mano y me acarició por detrás de la rodilla subiendo por el muslo hasta mis nalgas. Allí se entretuvo mientras me decía.
- Muy bien putita..., me ha gustado mucho tu cena. Me has atendido muy bien..., esta noche te caerá el premio gordo..., por ahora sólo quiero ver esta peli que acaba de empezar – yo me arrodillé entre sus piernas y me lanzé a husmearle la entrepierna. No se había duchado y la mezcla de cloro con su olor a sexo era una combinación deliciosa. Pero en cuanto le abrí la toalla y me tiré a besarle el capullo, me apartó
– No..., no..., te estás quieta mientras miro la película. Dejame la polla en paz..., luego te follaré..., ahora si quieres te quedas de rodillas lamiéndome los cojones. Pero nada más... ¿entendido...? - me cogió del cuello apretándome y haciéndome un poco de daño. Yo le obedecí enseguida, fue la hora y media más excitante de mi vida. Tenía como ya he dicho los cojones bien grandes, un poco arrugados, con algunos pelos negros encima. Los lamí y los besé de todas las maneras posibles. Pasé mucho rato con uno en la boca, ensalivándolo hasta que tenía que sacármelo para tragar y después me metía el otro. Los amasé suavemente con la lengua, los mojé, los chupé, los besuqueé, los dejé dormirse en mi boca, los desperté, los succioné, me llené de olor a bolas, presentía por el perfume la cercanía del semen y me ponía tonta. Muchas veces tuve que pasarme la mano por la barbilla para recoger la saliva que me caía. Lo que más me gustaba era sentir un pelo negro duro y rizado que se desprendía y se me quedaba en la lengua. A veces los sacaba delicadamente con dos dedos de encima de mi lengua para depositarlo encima de la pierna peluda de mi fontanero, otras en que tenía la boca llena de saliva, aprovechaba y me lo tragaba. Esto me producía un placer inmenso pues sentía que algo tan íntimo como un pelo del pubis de aquel macho abierto de piernas penetraba en mí. Muchas veces hice ademán de subir por su polla, pero él me lo impedía. Me dejó claro con algunos cachetes que sólo podría dedicarme a sus testículos y yo aprendí a obedecerle. Era un sufrimiento ver la enorme verga hinchada tan cerca de mi nariz y no poder siquiera besarla, nada. Pero la olía, por momentos me llegaba el olor a capullo y yo era feliz. Me quedaba muy quieto y sonreía chupando un huevo, a fin de cuentas le estaba succionando toda la carga de esperma que se iba acumulando poco a poco. Durante la hora y media que duró la película (y mi suplicio), su miembro estuvo casi siempre erecto. Por momentos se le descapullaba sólo cosa que yo agradecía, pero él me apartaba un instante y cuando la polla se tornaba más fláccida, volvía a cubrirse de piel y entonces me permitía volver a saborear sus criadillas. Tengo que decir que él se portó bastante bien conmigo durante casi todo el rato. A veces me acariciaba una mejilla, a veces el cuello o la nuca, haciéndome saber que le gustaba lo que le estaba haciendo. Tuve que tirar un almohadón al suelo para apoyar las rodillas que empezaron a dolerme, pero continué como si fuera un sueño. Es hermoso chupar cojones de macho durante tanto rato. Se aprende mucho sobre la anatomía masculina. Son duros pero blandos a la vez. Puedes apretar un poco pero nunca demasiado para no causar molestias. Debes dar lenguetazos largos y firmes, que se noten pero sin oprimir..., en fin tantas cosas. Cuando la película ya estaba por terminar, faltando sólo diez minutos, mi fontanero abrió mucho las piernas y levantó las rodillas hasta su pecho enseñándome el ojo del culo.
- Chúpame el ano...
- ...pero..., yo..., no...
- Venga! No me hagas repetirlo, me gusta sentir la lengua de la puta antes de follármela, bien adentro de mi culo!... ¿a qué esperas...?
No sé cómo fui capaz de hacerlo, quizás porque cuando se ama, se ama todo, las uñas sucias, el pelo sucio, los olores corporales, todo de la persona amada. Miré el botón apretado en el centro del culo de aquel fornido chico, era como una boquita de bebé arrugada, no tenía ni un pelo alrededor, sólo el esfínter, cerrado sobre sí mismo en una zona de piel más oscura y rojiza. Lo besé, me llegó enseguida el olor a culo de macho. Mi hombre estaba limpio, pero suavemente perfumado a culo, le dí otro beso..., y otro..., hasta que saqué la punta de la lengua y la pasé por encima del orificio sellado. Miré hacia arriba para ver la expresión de los ojos del macho al que estaba lamiendo el culo, miraba atentamente su película, pero estaba a gusto. Acercó una mano a mi nuca y me apretó contra el ojete. Le dí un gran lametón. Noté su placer cuando ablandó los músculos de la cara. Me dediqué entonces a darle lametones desde el principio de la espalda hasta el final de los huevos, recorriendo con la lengua bien profundamente su raja. Se la dejé muy mojada. Al final me emperré en penetrarlo con la lengua y aunque me costó pues tenía el anillo del culo muy cerrado, poco a poco fui haciéndome paso con la punta y se la metí. Es increíble la fuerza que hay que hacer con la lengua y cómo poco a poco la puerta va cediendo y sientes el interior blando y suave, tan calentito! La película acabó cuando yo ensayaba un mete-saca muy rápido con la lengua. El fontanero se dejaba, pero con el final de la película cobró conciencia de lo que estaba haciendo y cerró el ojete. Me levantó de un brazo y me llevó después de apagar la tele hasta la habitación de matrimonio. Me quitó la prenda transparente y acostándome en la cama boca abajo me besó el nacimiento de una nalga. Me estremecí.
- Espera aquí que voy a mear la cerveza y el whisky, cariño..., ahora mismo vengo y te lo hago como a ti te gusta...
Me dejó temblando. Pocos minutos me parecieron más largos en toda mi vida. Escuché el chorro fuerte y viril que el tío arrojaba haciendo espuma dentro de la taza del water y escuché el ruido de un pedo, después lo ví acercarse en pelotas a mi lado y poniéndose delante de mi cara me apuntó la polla a la boca.
- Llénala de saliva..., que te la voy a meter...
No me hice de rogar, por fin como había estado deseando todo el día, me la metí en la boca. Es tan deliciosa una polla brillante y roja, descapullada a tope y grande, dentro de tu boca! Te llena y te toca por dentro, la sientes deslizarse como la seda, tan suave, tan calentita, hasta que de pronto invade y se mete más adentro, te quiere follar la garganta y entra y te duele y choca contra tu esófago y te ahoga y te produce arcadas y te parece que vas a vomitar, pero entonces sale y tiernamente se dedica a restregarse contra el interior de tus mejillas y tú desde allí abajo con los ojos abiertos y la boca abierta ves a tu macho gozar, y te gusta hacerlo feliz. Sientes que naciste para eso, para darle gusto a los hombres y te dejar usar por él, le das mucha lengua al capullo porque sabes que eso es lo que a él le gusta y tú gozas así, de rodillas e inclinado con la boca dilatada y llena de saliva sientes cómo su polla crece más y más, hasta que está a punto de explotar de tan hinchada. Entonces viene lo mejor. Me dí cuenta que el fontanero necesitaba meterla ya, no sé cómo pero lo sentí en su urgencia al hacerme girar y ponerme a cuatro patas. Cogió la almohada de la cama matrimonial y doblándola por la mitad me la puso debajo de la polla. Al hacerlo me tocó sin querer, yo también estaba empalmado. Apartó la mano enseguida y sentí su asco ante mi sexo. Él sólo quería mi trasero y para eso me lo dejó bien levantado por la almohada. Tuve miedo por lo que vendría. Él me bajó las braguitas, apartó las nalgas con ambas manos y agachándose escupió un salivazo profundo y fuerte como si quisiera que entrara dentro de mi ojete. Mi postura era ridícula, vestido con medias de mujer negras y un sostén, con el pecho, la cabeza y los brazos apoyados
en el colchón y el culo obscenamente ofrecido, abierto, para que aquel muchacho lo penetrara. Me dejé hacer, sentí dos dedos que hacían entrar la saliva dentro de mi ano, qué gusto!
- Allá voy nena..., ahora te quedas muy quieta..., eso es..., abre el culo putona..., que te vas a comer un buen rabo...
Sentí su aliento en mi nuca, en mi espalda, y en mi puerta trasera, la cabeza de su polla empujando. Ayudada por la saliva entró haciendo presión, al principio no me dí cuenta porque su gorda cabeza se comprimió y era tan suave su piel que mi esfinter la recibió con alegría, parecía unos labios chupando un polo. Pero cuando mi ojete se cerró de golpe tras el glande y comprobó que no podía volver a su posición normal pues todo el cuerpo inmenso de la gorda polla no se lo permitía, envió un rayo de dolor a mi cerebro. Me tomó por sorpresa y fue tanto mi desconcierto que reculé sin querer metiéndomela más adentro.
Seamos sinceros, yo tenía 50 años y mi culo no era el de una virgencita, pero nunca me habían metido nada así y no estaba acostumbrado. Me molestaba mucho. Más aún cuando sentí cómo el fontanero empujaba y se colaba dentro con más fuerza. El muy hijo de puta no se detuvo ni un instante, siguió y siguió empujando, lentamente pero firme ¿saben? Intenté girar la cabeza y mirar hacia atrás, lo único que ví fue en el espejo de la pared su cuerpo joven y musculado que me poseía y a mí en actitud de total entrega. No sé si podéis imaginar lo que se siente al ser consciente de que el culo se te va abriendo hasta alcanzar un diámetro inimaginable y a medida que la polla entra por momentos parece que no ocurre nada, pero la vara gigante no deja de penetrar y cuando te das cuenta es como si un remo se hubiera apoderado de tu culo. No obstante eso no fue lo peor, cuando llegó al fondo y noté sus pelotas chocar contra mí, comprendí que estaba perdido, aquel tío no me la iba a sacar porque me molestara. Al contrario, me dio dos o tres golpes bien profundos para hacerme saber que me dominaba y no estaba dispuesto a dejarme. Mi ojete abierto se pegaba a los pelos de su vientre y lo recibía todo entero, largo y muy, muy grueso. Entonces sufrí la más dulce humillación que un hombre puede sentir de otro. El fontanero comenzó a bombear afuera y adentro, afuera y adentro, afuera y adentro, afuera y adentro..., aaahhhhhh....!..., qué cabrón..., me revolví primero de dolor al sentirme totalmente invadido y me giré todo lo más que pude. Su cara no expresaba ningún sentimiento, estaba serio y mirando hacia su entrepierna. Miraba su polla enterrarse en mi culo todo lo larga que era. No pude medírsela, pero debe tener 23 cm y gorda, tan robusta y rolliza que me obligaba a estar permanentemente abierto a la máxima de mis posibilidades, sin descanso. Mientras estuve con la cabeza girada olí un poco más su cuerpo, desprendía un olor seco a macho, atenuado por el cloro de la piscina. Me avergonzaba esa intimidad, estar oliéndolo y a la ves sintiéndolo dentro. Cuando pasa un momento y te acostumbras, hay un instante de gran intimidad que es cuando te aflojas y lo dejas hacerte lo que quiera. El tío se da cuenta y se siente feliz de haber vencido tu resistencia. Tú te entregas y él deja de estar tenso, se relaja para comenzar a gozar de ti. Entonces te penetra más dulcemente, sin tanta urgencia, se mueve más despacio, te hace saber que te la está metiendo (como si tú no lo supieras ya), y su cuerpo se pega más a ti. Yo sentí a mi fontanero pegar su pecho contra mi espalda y todo el olorcillo de su pelo (no demasiado limpio) me llenó la nariz. Levanté el culo por instinto y me entró toda mucho mejor, fue cuando me tocó el turno de comenzar a gozar. De pronto un relámpago de gusto me llenó la cabeza y me dejé penetrar en total pasividad. El muy bruto me movía toda en cada enculada, pero no me importaba, yo lo dejaba que me tomara por atrás, era suya, todo mi culito era suyo y empecé a agradecer el placer que se despertaba en lo más intimo de mí. Puse cara de gusto y él me jodió con firmeza pero con benevolencia a la vez. Penetraba muy hondo y me hacía sentir su dureza masculina, pero a la vez restregaba sus piernas contra las mías, su estómago contra mis nalgas, sus manos en mi espalda me rodearon por los costados y bajaron hasta mi pecho. Una vez allí las metió dentro del sostén. Qué gusto sentí cuando sus palmas ásperas me acariciaron los pezones! Cerré los ojos y suspiré para demostrarle mi aprobación, entonces él me desabrochó el sostén y se dedicó a amasar mis pezones entre sus dedos rudos. Los tocaba, los acariciaba, los pellizcaba, los cogía entre los dedos y le pasaba las yemas por encima. Nunca me habían dado un tratamiento tan completo en las tetas mientras me cepillaban el culo! Mi polla estaba a punto de estallar, me la tocaba con una mano y pensaba, esta es la paja más hermosa de mi vida, me la hago mientras un macho de verdad me está follando..., pero él al darse cuenta me quitó las manos de debajo del cuerpo.
- Quieta..., no te vas a correr hasta que me corra yo..., si mantienes la polla dura apretarás más el culo y me darás más gusto..., te quiero así, bien durita hasta que yo te lo diga...
Por supuesto que le obedecí ciegamente. Yo estaba tan en sus manos en ese momento..., era tan consciente de que mi felicidad dependía mucho de hacerlo feliz a él, me daba tanto gusto ser un instrumento en sus manos para que ese macho se desahogara..., no sé explicarlo. Quizás eso es la pasividad, quedarse muy quieta aguantando y sintiendo el deseo del hombre que te posee. Mis tetas ardían, quise levantar un poco el pecho para refrescarme, me estaba agobiando por el calor de los dos cuerpos que empezaban a sudar. Él se dio cuenta y tomando mis piernas las giró en el aire sin sacar la polla de mi culo. Ahora lo miraba a la cara y fui muy feliz viendo la expresión de su rostro. Muy seria y fría, reconcentrada en su faena, la cara no decía nada porque en ese momento él pensaba con la polla, penetrándome muy hondo, sacándola casi hasta afuera y volviendo a abalanzarse todo lo larga que era hasta que las pelotas ya duras rebotaban atrás. Con las piernas en el aire, abiertas como una mujer, con sus medias y todo, me sentí muy femenina y de pronto necesité hacer algo para agradecerle el gran placer que me estaba dando. Le tiré los brazos al cuello y acerqué mi boca a sus labios...
- Ni se te ocurra besarme...
- ... pero...
- Ni peros, ni nada! Que me das bastante asco..., ¿sientes esto que te está entrando ahora mismo por el culo...?- se movió y me la metió hasta el fondo y la dejó allí, muy adentro.
- ... síiii...
- Pues eso es lo único que me interesa de ti, tu culo para metértela. Olvídate de mariconadas...
- ... pero..., mi amor..., yo te quiero...
- ¿Ah sí?
- ... sí...
- Vale, pues abre la boca...
Lo hice y la abrí todo lo más grande que pude, esperé y me puse a sacar la lengua. El fontanero inspiró profunda y ruidosamente AAAJJJJPPPPPTTTTTÚÚUUUUUU y me escupió un lapo enorme de saliva encima. Fue tal mi sorpresa al recibir su regalo..., el salivazo era espeso y estaba calentito...
- Ahora te lo tragas..., puta! eso es para mí tu amor...
- ...
No dije una palabra y haciendo que el gesto de tragar se viera, lo hice y me lo tragué demostrándole así cuánto lo quería, Fue humillante, sentí un gran bochorno, sobre todo porque él se dio cuenta que me tenía en sus manos, que a mí me gustaba y que podía hacerme lo que quisiera que yo no iba a protestar. Sentí su sonrisa de satisfacción, su poder sobre mí y fui muy feliz. El fontanero miró su polla y en el camino se encontró con la mía, era una visión que no le gustaba, él me lo podía hacer pensando que yo era una mujer, de manera que cogió la punta de la sábana y me tapó los genitales para que no se vieran. Me daba más calor pero no protesté, todo lo que él hiciera estaba bien. Sus 23 cm de polla bien desplegados y a todo volumen, estaban haciendo estragos en mi trasero. Era una gozada sentirlo penetrarme, pero recuerdo que pensé: “Dios, que termine ya”. Él pareció oirme el pensamiento pues se puso a bombear como un poseso. Cuando tienes algo tan grande metido en el culo que te entra y sale a tal velocidad te vuelves bastante loca. Yo no sabía bien lo que hacía, pero recuerdo que empujada por el placer me alcé casi sentándome y levantándole los brazos metí mi nariz en sus sobacos peludos. Los pelos eran negros y largos, muy sudados. El olor era fuerte y yo me hundí dentro como si quisiera quedarme a vivir allí. Qué calentura me dio! Era de lo más excitante después de haberle chupado el culo. Besaba su sudor y me llenaba del olor a macho que desprendía. A partir de aquél día siempre he asociado una buena enculada con el perfume a sobaco de tío.
Ya vamos llegando al final...
Mi amor y mi cariño, que expresaba chupándole los pelos de las axilas, bebiendo las gotas de transpiración, lamiendo todo el hueco peludo y tan varonilmente perfumado mientras me dejaba meter por detrás, dieron sus frutos y el fontanero se convirtió en un salvaje y gritó mientras se corría dentro de mí.
- Te voy a dejar preñada..., puta..., me corro...me corro...
Me llenó de leche..., jamás nadie ha vuelto a correrse dentro de mí como lo hizo aquella primera noche ese chico. Los chorros me quemaron por dentro, fueron abundantes y potentes, me llenaron todo el interior de leche caliente. Hubo un momento en que pensé que se estaba meando porque era tan hirviente su esperma! Y era tanto! Si yo hubiera sido una mujer, hoy estaría acunando entre mis brazos al bebé que me hubiera hecho mi brutote.
Pero lo que ocurrió fue muy diferente, esperó a terminar bien, y cuando sintió que había expulsado la última gota, se salió de mí y bajó corriendo de la cama a encender el ventilador, luego tumbándose en la cama se echó boca abajo y para no variar su costumbre se tiró un pedo que retumbó en el silencio de la noche. No me importó, yo lo amaba. Me fui al baño y me masturbé sentado en el wáter. Sentía un gran vacío en el culo ahora que me la había sacado. Volví a la cama desnuda y me acurruqué a su lado, él se giró y me abrazó por detrás poniéndome una mano en el pecho. Me dormí mientras me acariciaba los pezones y sentía entre las nalgas su polla fláccida y húmeda, que a la mañana siguiente despertó...

gracias por tu relato.

esta largo y ya lo habia leido antes en otra parte

esta largo y ya lo habia leido antes en otra parte

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